Detox

Detox

Detox es la serie en Netflix más mala que pueda recomendar. Aún cuando no pasé del segundo capítulo ha sido la que más hondo me ha llegado, la única que me ha quitado el papel de espectador y me ha puesto en medio de trama.

La historia es sencilla, dos jóvenes que han ido demasiado lejos con eso de las redes sociales y para librarse de esta adicción deciden hacer una cura de 15 días off-line. La serie como dije es una mierda, las actuaciones son de circo, pero al apagar el televisor ya había decidido hacer un detox yo mismo.

Mira esto: Twitter me jode el día con el curso del Bitcoin o con trinos de Diaz-Canel, la mujer y el tal Necio. Mi instagram está lleno de tembas buenas modelando ropa que nunca me voy a poner, los vestidos largos no me uedan bien. Tik-Tok consumió mi plan de datos del mes pasado y me hizo alimentar mi adicción pagando por el doble, Linkedin me bombardea con trabajos que no me interesan y para los que siendo realistas no estoy preparado. Los programas de ejercicios y dietas me recuerdan puntualmente que pronto a los 100 kilos de seguir así. Corona-App me sopla al oido me aleje de un tipo que tengo cerca pero no me dice cuál para proteger su privacidad. Doctorlib me recuerda mi cita con el oftalmólogo la próxima semana y Amazon desde ya me habla del viernes negro. «En negro quisiera yo estar» dice el telebanco y tímido como es torna en rojo. Adicionen Facebook, Whatsapp, Youtube Messenger, Zoom, Telegram, Skype, Netflix, Ryanair, Ubereats, Lieferando, Dropbox, la familia Huawei, siete cuentas y otras tantas aplicaciones de cuyo nombre no debo acordarme, todas llamando a la puerta del teléfono. Mientras tanto Spotify me rompe los oídos.

Duermo cada vez menos, tres horas a lo sumo. Dice la gente que sabe de eso que mi cerebro está ocupado con la digestión de tanta información, los religiosos dirán que necesito encontrar la paz en el señor, los de Herbalife que necesito ser mi propio jefe, los veganos aducen que consumo demasiados productos de origen animal mientras que los izquierdosos están convencidos que soy una víctima del capitalismo. 

Sea cual sea la causa, en mi escritorio digital —porque ni siquiera tengo un mesa normal— esperan dos novelas dejadas a medias que no hacen una y media docena de ideas para cuentos que han perdido la batalla contra las redes sociales. 

Ayer, mientras hundía la cabeza en el teléfono, unas piernas fantásticas entraron en el campo visual y me trajeron de vuelta al mundo real. Me quedé mirándolas alejarse, como no hacía desde hace mucho tiempo. Luego, al ver la serie francesa, tomé la decisión de dar un paso atrás, a un detox necesario. 

Dedicaré mi tiempo a mirar tanta hermosura que pasa por mi lado a riesgo de que me llamen viejo verde, invitaré a por café a los pocos amigos que he hecho pero que valen por muchos y en los sábados cuando el tiempo haga imposible salir en bici, retomaré el entusiasmo por esos dos futuros libros.

P.D.:

No había puesto aún el último punto y me llega el siguiente mensaje:

¡Buena decisión Rafael! Aquí puedes ver una selección de programas Detox ue hemos hecho para ti. 

Google.

P. D. : también tengo programas de yoga, meditación, cocina terapéutica y ciencias ocultas y asuntos sin importancia. Preciona el link y di que vas de parte mía, de Google.

—¡Yaaaaaaa!

— Ok, ok man. Solo quería ayudarte. Llámame si cambias de opinión. Sabes que siempre, siempre, siempre estoy contigo. And I mean it! 😏

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