Cerveza y solidaridad

Cerveza y solidaridad

En Berlín se toma mucha cerveza. Pareciera que los berlineses salen de la fábrica con una botella de cerveza en la mano. Una costumbre que viene de la época de la epidemia de la peste en el medioevo.

Según se dice, hasta las fuentes en las ciudades estaban contaminadas por lo que para evitar el riesgo de contaminación el Kaiser de turno instauró el permiso de sustituir el agua por cerveza (incluidos los niños). Y así conectando una pandemia con otra han llegado hasta el día de hoy con la botella en la mano. O eso dicen los curdas.Pero esto no iba de cerveza sino de la botella. Debla botella de cerveza. Porque aquí una cerveza en lata es como la piña en la pizza para los italianos. No. Eso no se hace.

Eso ha desarrollado toda una cultura de abrir la botella de cerveza que va desde la fosforera, la punta de la mesa, un periódico hasta los más vetetanos que solo usan la uña del pulgar.

La otra desventaja es qué hacer después con la botella vacía? ¿Y si son cinco o diez botellas? Para eso existe la costumbre solidaria de dejar la botella vacía debajo de las papeleras de la ciudad. De esta manera la gente necesitada las recoge, las lleva al supermercado y allí las cambia por dinero en la máquina. Y créeme que ayuda. Un par de botellas pueden convertirse en lo único caliente que alguien se lleve a la boca en el día. Lo digo por experiencia propia que todo aquí no ha sido color de rosa.

Y ahora que mi bus llega, apuro el resto, a mi salud y dejo la botella.*a propósito, cerveza de jengibre, lo mejor que se ha inventado.

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