Juguetes

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Da igual si nacimos en la Cuba de los sesenta, la Cuba de los setenta, o la de los ochenta, la de los noventa, si vimos la luz en la isla a principios de siglo o hace media hora; los cubanos cargamos el trauma de una infancia sin juguetes. A falta de opciones los niños cubanos echamos mano a cualquier cosa. Un poco de papel, un trozo de madera y mucha imaginación bastaron para pasarla de puta madre. Pero eso no quita que nuestros sueños estuviesen poblados de trenes eléctricos, muñecas parlantes, bicicletas y todo lo que asombra a un pequeño. 

Este es un mal que nos acompaña y permanece dormido muy dentro de nosotros de por vida aún fuera de la isla. Algunos han sanado aquellas carencias infantiles con juguetes para adultos pero esa es otra historia. El trauma del que yo hablo tiene una sola cura y la trae nuestro primer hijo. ¡Y cómo!

Todavía lo recuerdo. A los ojos de los alemanes yo fui un padre ejemplar, capaz de pasar horas tirado en el piso armando Legos, discutiendo con los “otros” qué auto había ganado o quién mató a quién. Solo yo sé que estaba saciando una necesidad pasada, actualizando las fantasías que me faltaron de chama.

Desgraciadamente este remedio funcionó solo por un tiempo.

¡Ay cómo dolió la primera vez que mis hijos ya jovencitos me dijeron que iban a una fiesta con sus amigos y me dejaron con los juguetes en la mano! ¿Ya? ¿Eso fue todo? ¿Y ahora qué hago? ¿Quién juega conmigo? ¿Sin ustedes qué justificación tengo para tirarme al piso? Pensando y pensando llegué a barajar por un tiempo la drástica idea de tener otro niño pero mi cuenta bancaria se negó. Esperaría entonces a tener nietos pero como son las cosas en Alemania, para cuando ellos lleguen y se tiren en el piso ya seré yo quien no podrá pararse.

Y entonces como regalo de fin de año encontré la herramienta perfecta para ayudar a mi hijo, ya próximo a escoger su carrera universitaria, a investigar si la mecánica es lo suyo.

¡Aha! Hemos estado dos días construyendo esta hermosura. Un juguete formidable que enseña con un realismo impactante cómo funciona un motor. Viene acompañado de un manual de instruciones que es todo un libro de texto de mecánica que explica de manera detallada y en palabras sencillas los fundamentos del motor de combustión interna de cuatro tiempos.

Y sí, la mecánica es lo mío.

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