Historia para dormir a mis negritos

Historia para dormir a mis negritos

Historia de Cuba (más o menos)

¡¡¿Alguien va a prestar atención a lo que estoy diciendo?!!

¡Jone! 

Pues eso, que cuando los españoles pusieron pie en aquellas tierras, metidos en unos trajes metálicos bastante incómodos y calurosos para tales latitudes, portando estandartes cruzados, sonaron fanfarrias y los aborígenes acudieron en masa.

Y como los indios estaban hasta los huevos de jugar nada más que Batos durante siglos, formaron un circulo en derredor de los recién llegados y aplaudieron hasta llegar al éxtasis; como si estuviesen en un concierto de Rammstein. ¡Oh señor! Algo asi no se habia visto en este lado del océano hasta entonces. Nadie quería perdérselo.

Y así, los unos riendo y las otras felices de poner en práctica por primera vez el twerking, alargóse el espectáculo por dos lunas. Y fue así que a la caída del sol al tercer día hizo entrada, cabalgando un brioso corcel negro, un tal Rodrigo (en las cosas españolas, grandes o pequeñas, siempre hay un Rodrigo). Y levantando las patas delanteras —el animal, no Rodrigo; vamos, el caballo para ser exactos— dibujó una «Z» en el aire con la espada.

Fue entonces que los nativos medio confundidos, con cara de «pinguejeso», le advirtieron que eso iba en otra película. Y como en Cuba no hay zorros, le acusaron de apropiación cultural, cosa que al tal Rodrigo, que había estado meses a bordo de la Santa María, ensayando una entrada bien épica para cuando descubriesen America, no hizo mucha gracia. 

Y preso de ira el gallego los masacró y ya. 

Y ya.

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