Solidaridad con Ucrania

Solidaridad con Ucrania

Cuando muestro mi solidaridad con Ucrania, una oleada de progres reclama en este momento mi atención y solidaridad con causas de otros pueblos. Me llaman hipócrita porque nunca he dedicado una línea a Palestina, a Siria, Miammar y a todos y cada uno de los sufridos del planeta. Como si el amor, el respeto y la solidaridad con todos fuera condición obligatoria.

Niegan mi derecho como persona a amar, respetar y solidarizarme con quien yo decida. Si no lo hice antes, no me está permitido hacerlo ahora.

Pero hablemos de falta de solidaridad. Porque en eso de sufrir a solas, los cubanos tenemos vasta experiencia. Al menos a los palestinos se les reconoce que tienen un problema. En nuestro caso, el mundo no solo minimiza nuestros problemas, sino que además continúa haciendo negocios con la dictadura que nos aplasta pues para ellos solo somos un destino turístico. Cuba tiene sol y playas y autos vintage y una pobreza fotogénica. Para el mundo cuando un cubano levanta el puño cerrado lo hace para sostener una maraca, no en señal de protesta.

Puedo contar mil anécdotas para ilustrar la falta de empatia del mundo con Cuba, pero me basta recordar el día que una colega de regreso de sus vacaciones en la isla me preguntó delante de todos:
«Rafael, ¿¡Qué haces tú en Alemania cuando el ron cuesta en Cuba solo tres euros?!»

De los sucesos del 11j, de los cientos de presos políticos y de los niños en prisiones cubanas nadie habla, ni quiere oir. Los cubanos hemos tenido que aprender a vivir con la falta de solidaridad, nadie acepta nuestro dolor como tal y encima aún se espera que riamos y pongamos buena cara. Quizás sea ese el mayor aporte de esa isla al mundo. Volviendo a Ucrania, en mi caso no es hipocresía. Mi solidaridad es finita y está 100% con ese pueblo. Mi solidaridad con Ucrania es mi decisión.

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