El problema no es Luis Manuel Otero Alcántara

El problema no es Luis Manuel Otero Alcántara

Algunos cubanos han decidido evaluar la dignidad de Luis Manuel Otero Alcántara por su aspecto físico al salir de prisión. Porque, para demostrar que uno fue preso político no basta con pasar cinco años en una cárcel cubana: también hay que salir pesando cuarenta kilos, sin dientes, arrastrándose y, preferiblemente, con un certificado médico que complazca al comité de expertos de Facebook.

Luis Manuel terminó una condena de cinco años y fue excarcelado bajo la condición de abandonar Cuba. Entró a la cárcel por ejercer pacíficamente sus derechos.

Que haya salido caminando y con una apariencia aparentemente mejor que la de otros prisioneros liberados no demuestra absolutamente nada sobre sus convicciones, su resistencia ni su valía moral. Nelson Mandela pasó más de 27 años en prisión. El 11 de febrero de 1990 salió caminando por sus propios pies y después desempeñó un papel decisivo en la transición que puso fin al apartheid. Evidentemente, según nuestros nuevos especialistas en traumatología patriótica, Mandela no sufrió lo suficiente porque no salió en camilla. O quizás digan que las cárceles del Apartheid no eran malas, que las de Cuba sí.

Nadie que haya vivido fuera de esas cárceles sabe las presiones que Luis Manuel puede haber soportado durante cinco años. Nadie sabe qué amenazas recibió, qué negociaciones intentaron imponerle, qué miedos tuvo, qué silencios tuvo que tragarse ni quémecanismos utilizó para conservar la cordura. Y voy más lejos: incluso en el supuesto de que lo hubieran quebrado, sería humano.

Sí, humano.

¿De verdad cree alguno de los que escribe desde la libertad, después de comerse su bistec con sus amigos un viernes por la noche y dormir en su cama, que soportaría cinco años de presión sostenida dentro de una prisión cubana sin ceder jamás, sin tener miedo, sin dudar y sin desear que aquello terminara? Es muy fácil exigir heroísmo cuando el pellejo que está en juego pertenece a otro.

Además, hay algo que parece haberse olvidado: Luis Manuel Otero Alcántara no era un preso desconocido. Fue uno de los prisioneros de conciencia cubanos con mayor visibilidad internacional. En 2021, la revista TIME lo incluyó entre las cien personas más influyentes del mundo.

Por eso planteo una teoría, y la presento exactamente como eso: una teoría.

Si Luis Manuel hubiera salido de prisión completamente destruido, el Gobierno cubano habría enfrentado un problema serio de imagen y credibilidad internacional. Para el régimen podía resultar mucho más conveniente vigilar su salud y conseguir que apareciera ante las cámaras en condiciones aceptables. Para que sucediera exactamente esto que estamos viendo.

Las dictaduras también hacen relaciones públicas. No todo es uniforme verde olivo y discursos de cuatro horas; entre ellos también hay gente que tiene cerebro.

El verdadero problema no es qué hizo Luis Manuel dentro de prisión, cómo luce ahora, qué declara mañana o qué decide hacer con su vida. El problema es que los cubanos seguimos depositando las esperanzas de todo un país en una sola persona. Ya ocurrió con Yunior García. Antes ocurrió con otros. Aparece una figura visible y enseguida le entregamos la responsabilidad de liberar Cuba, reorganizar la oposición, unir el exilio, redactar el programa de gobierno y, de ser posible, arreglar también el problema de la corriente eléctrica.

Después, cuando esa persona resulta ser humana, se cansa, se equivoca, cambia de opinión o sencillamente no satisface las fantasías que otros construyeron sobre ella, comienza el fusilamiento digital.

Luis Manuel ya hizo su parte. No nos debe otra condena para demostrar nada.

La dictadura no la va a derribar una sola persona. Mientras nosotros convertimos cada excarcelación en una pelea, despedazamos públicamente a la poca oposición que existe y examinamos cada gesto buscando una traición, el régimen observa encantado. No necesita desacreditarlos. Nosotros, los tontos útiles, hacemos el trabajo con datos móviles pagados desde el exterior.

Lo que sea o deje de ser Luis Manuel Otero Alcántara no es el problema.

La dictadura es el problema.

Y seugimos poniendo nuestra resposabilidad en otros: Un mesías, un artista, un influencer, un opositor o Trump. Cualquiera menos nosotros mismos. Mientras sigamos peleándonos entre nosotros y confundiendo la sospecha permanente con inteligencia política, la dictadura seguirá riéndose.

Sigo en lo mío, que yo soy alemán.

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