Albañil

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Hoy recordé una anécdota que me contaba mi padre.

Mi viejo era albañil. De hecho fue el mejor albañil que conocí en mi vida. Capaz de hacer arcos rebajados, catalanes, bóvedas catalanas base de tejas y cal. Desgraciadamente nunca tuve la oportunidad de trabajar con él pues cuando me gradué ya él estaba retirado. Soy hijo de viejo.

Mi padre aprendió la albañilería de muy joven en los años 20 del siglo pasado. Al término de la gran crisis que terminó con la revolución del 33, hubo una explosión de construcción en La Habana. El Vedado, La Víbora y Miramar se llenaron de los chalets neoclásicos de la nueva burguesía que hoy conocemos.

La moda imponía la creación de espacios suntuosos y el uso del mármol que siempre fue escaso en la Isla. Los verdaderos ricos importaban los mármoles de Italia. Los otros que eran legión echaban mano a la «marmolina», que es la técnica de imitar la piedra natural a base de cemento blanco, cal y… Y ahí está el detalle. Nadie sabe.

Solo unos pocos albañiles en La Habana casi todos catalanes, sabían hacer una marmolina al nivel exigido por la gente de plata. De esta manera La Habana se llenó de los «mármoles» más extravagantes del mundo. Por ejemplo hay en la calle línea casi esquina a L una casona con unas columnas en el vestíbulo de «mármol azul» que son una maravilla. El detalle, según me contaba mi padre, estaba en la mezcla, en la receta que mantenían en secreto pues era un negocio muy rentable y demandado.

Mi padre que era aprendiz de albañil en aquella época comenzó a trabajar con uno de estos catalanes, con el objetivo de aprender él también el secreto que le posibilitara abrirse camino. Pero me contaba que cada vez que iban a hacer la mezcla lo mandaban a por tabaco a la tienda de la esquina y por mucho que corría cuando regresaba a la obra ya la mezcla estaba hecha y con ella la oportunidad de aprender esa técnica se iba al carajo.

Mi padre ensayó a hacer la marmolina en casa y construyó un lavadero «de lujo», la envidia del barrio en Marianao. Solo mi padre lo miraba y decía que era una mierda.

Recordé esta anécdota al encontrar estas columnas hoy en un palacio de una de las familias italianas mas ricas del renacimiento. Reyes y Papas se han hospedados en este lugar donde hay dinero suficiente para usar mármol. Sin embargo los maestros albañiles se atrevieron a dejar su huella aquí en estas columnas que son una obra de arte.

Pasé la mano por sobre estas columnas. Y pensé en mi padre. ¡Cómo me habría gustado ver al viejo a ver este lugar!

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