Instinto

Instinto

«Los jabalíes no atacan a las personas, normalmente huyen. A no ser que te interpongas en la línea entre la madre y uno de sus críos. Su instinto maternal verá en ti una amenaza para su cría y te va a atacar.»

Eso me advirtieron cuando me mudé a esta zona de Berlín donde esos animales se pasean como Pedro por su casa.

De niño varias veces el instinto maternal de las gallinas me metió en problemas cuando tomaba en mis manos a uno de sus pollitos. Poco importaba mi intención, la madre siempre resolvía el suceso a picotazos.

Una amiga alemana me contó cómo su abuela que vivía al noreste de Alemania, pegado a Polonia, no dudó un segundo en tomar a sus hijos y atravesar a pie el país hasta el extremo sureste en el frontera con Francia al oir que las tropas rusas estaban ya a la entrada de la ciudad. Mas de dos mil kilómetros con dos niños pequeños, uno en brazos.

Otra amiga cubana me contó que un día mientras comía con su madre de visita en España esta le dijo que quería la pechuga del pollo. ¡Pero mamá, si tú no comes pollo! Y en respuesta el silencio de la madre solo hubo lugar para un abrazo de agradecimiento.

El día 20 de julio de 1989, un día después de la graduación de su hijo mas pequeño (yo), mi madre llamó a sus tres hijos y nos confesó que ella creía en Dios. Siempre lo he sido. Sacó su crucifijo de la gaveta y se lo colocó en el pecho. Ha sido una prueba dura, dijo, pero el Señor sabe que nunca lo abandoné. Hice este sacrificio para que ustedes pudiesen estudiar. Ahora ya no les pueden quitar el futuro. Espero que ustedes y sobre todo el señor me perdone.

Mi madre dedicó el resto de sus días a la iglesia. Al morir no pude estar, pero a su alrededor tenía varios hermanos de su congregación a su alrededor y el crucifijo en sus manos. Y yo tengo su biblia aquí conmigo.

¿Y esto a qué viene? Pues porque pocas imágenes son más tristes que esas madres cubanas que ante las cámaras abandonan a sus hijos presos hablando en favor de la dictadura. «Perdón, era un error, no sabían lo que hacían».

¿No sabían? Claro que sabían, como usted señora también lo sabe. Su hijo ha visto a su vieja sufrir ese régimen. Ha oído decir a su madre cada día durante la comida ¿qué voy a cocinar mañana?

Sus hijos, señora, sabían. Y lo hicieron por elos y por usted. Sus hijos se lanzaron a protestar el 11 de julio para que sus nietos tengan um mejor futuro.

Es el instinto, es la naturaleza. Da lo mismo si eres una gallina, mamá jabalí enfrentando humanos, una alemana ante las tropas rusas o cubana enfrentando una dictadura, el instinto maternal no entiende de razones. Quizás tengan claro que es una batalla perdida, pero ninguna duda en arriesgar su vida por sus crías.

Señora, el mayor castigo que recibiran sus hijos no es la larga condena que por demás ya es segura sino saber que su madre también los ha abandonado. Y eso, señora, es de las condenas que pocos sobreviven.

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